jueves, 19 de marzo de 2009
Aventura Barcelona
Bien jugado Barcelona, gracias por la aventura. Parece que no puedo hacer un viaje normal jamás, el retraso del avión a Barcelona desencadeno una serie de eventos desafortunados una vez más.
Llegue al aeropuerto a las 10.45pm en vez de las 10pm, por ir distraída conversando con el pepón que viajo al costado, confiada en que sabia donde se recogía el equipaje, me salí del aeropuerto sin mi maleta. Resulta que el señor solo había viajado con el maletín que tenía en la mano. Como cenicienta corrí como una loca hacia el aeropuerto sin decir nada, quedé regio.
Tuve que pasar por todo el chequeo otra vez, ese maravilloso en el que te tienes que quitar los zapatos y separar tus cosas en bandejas, laptop en una, aparatos eléctricos en otra, líquidos y gel en otra. ¡Una delicia! Al menos los del aeropuerto no eran catalanes porque las señoras estaban hablando español entre ellas.
Una vez que recupere mi maleta fui corriendo al baño y a tomar agua porque ya la lengua la tenía pegada al paladar. Como mi teléfono estaba medio raro llame a Vanessa desde un teléfono público que decidió comerse mi moneda, ya iba yo a tener un ataque de histeria cuando vi que el cartelote en el aparato del mal decía “Telefónica”. Entonces pensé que ese era el estado natural de las cosas y lo deje pasar. Es nuestra relación, amor y odio.
Le saque brillo a mi sonrisa perdida y fui donde un señor a preguntarle donde podía tomar el tren, me señalo un puente lejísimos y me dijo q el ultimo partía a las 11.30pm. ¡Ajos! ¡Las 11.15pm! Corrí como pude (con tacos porque mis zapatillas ya se quedaron en Roma, no entraban en la maleta, sorry) y en mi desesperación y apuro me pase el maldito puente y seguí corriendo hasta otro puente que era el que te llevaba al estacionamiento. ¿Ya mencione que todavía no había tomado agua y un poco mas y me paso mi propia lengua? Corrí de regreso al otro puente y subí y baje todas las escaleras necesarias.
Agradecí no estar en Paris, porque en Paris esas escaleras que tenía que subir y bajar no serian eléctricas. Finalmente llegue y vi aliviada que no había ningún tren todavía y había gente esperando que llegue. Compre el ticket y ya aliviada pude por fin comprar una botella de agua que me tome entera casi sin respirar.
Ya recuperada le pregunte a uno de los trabajadores si ese tren me llevaba a paseo de Gracia, que sorpresa, ya no porque los últimos dos trenes ya no paran ahí. Tenía que bajar en plaza Cataluña que está a 7 minutos a pie de paseo de Gracia y un taxi me cobraría como €20 según él.
Resignada subí al tren y me acomode a escuchar música, confiada porque plaza Cataluña era la última parada. Menos mal que me quite los audífonos y escuche que llegábamos ya a la estación. Estaba por bajar y el chico del costado me pregunto si la siguiente era paseo de Gracia, le dije lo que me había explicado el trabajador del aeropuerto. Dos chicas españolas, sentadas cerca de nosotros, escucharon y dijeron que no podía ser porque esta no era la última parada. En esa discusión se cerraron las puertas del tren y terminamos en otro lado.
Yo en el fondo estaba tranquila porque éramos 4 personas con el mismo destino, así es que pasara lo que pasara, en el peor de los casos nos podíamos subir a un taxi. Dos destinos más tarde, las obstinadas españolas por fin reconocieron su error y tuvieron a bien bajarse del tren con nosotros. Preguntaron y les dijeron que el metro nos podía llevar, pero yo, la peruanita, ya sabía que el metro solo pasa hasta las 12 de la noche y eran las 12.15am. Igual corrimos cuando un oficial nos dijo que podíamos alcanzar el último, ahí si no eran eléctricas las escaleras.
Cuando llegamos y una mendiga durmiendo en la estación nos dijo que era muy tarde, ya me reí nada más. El chico con el que estábamos me pregunto de donde era y resulta que él era austriaco haciendo prácticas en Barcelona. Me dijo para compartir un taxi porque vivía más o menos cerca de donde yo iba.
Al final mandamos al cacho a las majas y nos fuimos a buscar un taxi, la que manejaba era conversadora, pero puso cara de asco cuando le conteste de donde venia. Entonces cuando hablaba de su hermano que no se había acostumbrado a la vida en Austria, aproveche y le metí su chiquita; a voz en cuello le dije que “yo a mi Lima no la cambio por nada”. ¡Chúpate esa y bájala con jeréee tía!
Me dejaron a mi primero (¡Gracias Diosito, San expedito y Juan Pablo II!) y el taxímetro iba en €8.20, entonces le pregunte a Michael (Se pronuncia MiJael como Schumacher) como era la nuez, me dijo que le de €4 y ya el pagaba el resto, tenía en el bolsillo €4.50 y se los di, aunque no me iba a aceptar los 5 centavos le dije que por si acaso, total, me ahorró mas de €15.
Llegué a la casa de Vanessa a la 1am, que vergüenza, y me estaba esperando despierta, que horror. Me llevo a mi cuarto y la cama se veía deliciosa. Hablamos un rato y después se fue a dormir. Yo me quede despierta hasta las 3.30am a pesar del cansancio y de estar agarrotada como un muñón. Que rico estar acá tranquila sin sentir la desesperación de ir a conocer. Ya veré que hago estos siete días y a que museos me meto.
miércoles, 18 de marzo de 2009
Preguntando, preguntando... se llega a Roma
Dicen que todos los caminos te llevan a Roma pero que haces cuando ya estas ahí y no encuentras una dirección. Preguntas pues, porque pregustando llegas a Roma. Ya me vieran improvisando italiano de la nada para poder encontrar por cual calle tenía que entrar para regresar a la casa de mi prima.
Primero al chofer del bus para no terminar en otra ciudad “scusi, piazza Vescovio?” (Notar el parecido con Devescovi para entender como recuerdo el nombre). El truco es comerse la mayor cantidad de artículos y conectores, lo mismo para pedir direcciones “Per favore, PONER NOMBRE DE LA CALLE AQUI?”. Finalmente logre llegar.
La primera vez que vine a Roma no entre al Coliseo porque la cola le daba la vuelta y también porque no alcanzaba la plata, esta vez pude entrar. Qué bueno que hace dos años no lo hice porque tenía el tiempo muy justo y me hubiera muerto si es que tenía que entrar, mirar y salir. En cambio ahora, con todo el tiempo del mundo, me quede cuatro horas y creo que tengo más fotos del Coliseo que de todo un mes en Paris.
No sé que es, porque Paris es maravilloso y le sobra historia, pero algo de ese lugar me volvió loca y no me quería ir jamás. Puede ser que había un sol delicioso (por si alguien lo dudaba, el sol lo traje conmigo también, porque se esperaba lluvia ese día) y tenía la combinación perfecta entre calor, viento y el frio del mármol en el que me senté un rato a leer. Estoy leyendo un libro en francés, la versión original es inglesa y la película se va a estrenar pronto “Confessions of a shopaholic” (http://www.youtube.com/watch?v=Y0YkN37Uajw). Ahora me da gusto no haber encontrado la versión original porque en realidad entiendo sin problemas y me conviene.
La gente es súper amable en Roma, seguro que en toda Italia. Tampoco me puedo quejar de los franceses porque en ningún momento me trataron feo, esto podría deberse a esa maravillosa cualidad, heredada de mi madre, de sonreír con cara de desubicada. Un día fui a renovar mi boleto semanal del metro y estaba atrás de unas coreanas que habían colmado la paciencia del francés de la ventanilla. Pensé que si cometía algún error me agarraría a gritos a mí también, pero una vez que le sonreí con cara de idiota me trato con mucha amabilidad.
Volviendo a Roma, el martes salí temprano con Marilú. Fuimos a Termini “Per favore, signore, a la stazzione di treni, pronto!” jajajajajaEntramos a unas iglesias y después ella se fue a recoger a Isabella (su hija) al cole. Yo fui a lo mío, encontré la tienda maravillosa de zapatos baratos a la que fui hace dos años. Era tan mágica como la recordaba. En una caja que decía €15 encontré zapatos lindos de mi talla. Me había jurado que solo iba por botas y un par de stilettos color azul eléctrico. ¿A quién trato de engañar?
Obviamente no me gusto ni una de las botas, así es que me fui por unos botines negros y termine con 4 pares de zapatos en una bolsa que no sé cómo voy a llevar a Barcelona y mucho menos a Lima. Pero aquí no se queda nada, eso lo tengo claro. Bueno, no se queda ni un par de zapatos nuevos al menos. Aunque me los tenga que llevar en la mano o sobre la cabeza.
Me sorprende mi buen sentido de ubicación o la fuerte impresión que Roma tuvo en mí. Primero encontré al pata que vende los suvenirs mucho más baratos, después la tienda de zapatos y finalmente, a puro pulso nada mas, encontré el pub irlandés por el que pasamos una vez mientras buscábamos donde comer.
Mi día de San Patricio no fue muy festivo porque fui demasiado temprano y solo me quedaba unas monedas después de la aventura del zapato. Pero igual me pude sentar ahí a escuchar música irlandesa (Ah, Yer Drunk! – si ponían esa me tiraba de cabeza a la fontana di Trevi) y a tomar mi vaso de Cidra (no Andrés, no hay chela verde acá). Además, el hindú que atendía (globalización) me regalo un gorro lindo a pesar de que no tome Guinness.
Roma es una maravilla, algunas villas o casas muy grandes tienen unas macetas gigantes con árboles de naranja y limón en la parte superior de sus muros, se ve lindo. De la gente ni hablar, uno de los guardias que chequea que no entres con armas al vaticano era tan espectacular que deberían tener formularios para hacerse monja a su costado, digo, si les faltara gente.
Lo que no falta son personitas que te quieren timar, llegue a la plaza Navona (la que tiene forma de estadio porque abajo encontraron uno. Por eso solo tienen 2 líneas de metro, porque cada vez que van a hacer otras encuentran teatros y monumentos escondidos) y vi a los graciosos que te hacen pulseritas con hilos para la suerte y de ahí te quieren cobrar un montón. No les tire mi zapato nomas porque estaba de buenas. Los largué antes de que me traten de embaucar.
Menos mal que justo después de ese incidente me fui a caminar sin rumbo y vi a un señor comiendo un helado que se veía espectacular, diferente a cualquier helado que he visto en Roma. Se lo comía con tal gusto que tenía que ser especial. Calculando que no estaba muy chupeteado todavía, supuse que la heladería debía estar cerca. Seguí caminando un poco más y cuando vi a dos personas más con helados supe que iba por buen camino. ¡Muérete de envidia Sherlock Holmes!
Finalmente llegue a Giolitti (www.giolitti.it) y me pedí un helado de canela y Baylys, que tal manjar. Después me confirmó Marilú que es la heladería más famosa de Roma. Si todo peruano es un sibarita nato. No hay duda.
Después de ir al Vaticano pasé por ahí cerca y ya que era mi ultimo día en la ciudad, me baje del bus y me fui por un helado. Me demoré siglos en escoger, menos mal que había un montón de gente en la cola antes de mi. Finalmente me fui por lo fresco pero raro para mí. Mora, champagne y mela verde (manzana verde). ¡Cuanta pasa, cuanta fruta! Encima le montan crema.
Arriesgándome a sonar igual de absurda que Sussy Diaz con sus caramelitos de licor, creo que se me trepo el helado de champagne, era puro trago. Menos mal que fui sentada casi todo el regreso en bus porque aca son unos animales. Puede ser que ha pasado demasiado tiempo desde la última vez que me subí a una combi, o puede ser que los italianos son más latinos de lo que jamás imaginé.
Ya de salida confirmé que tan latinos son los italianos, nos han pasado de una puerta de embarque a otra y parece que vamos a salir media hora más tarde. Pero a quien le importa, vine a Roma, vi Roma y vencí cualquier contratiempo en Roma, han sido unos días maravillosos. Vamos a ver si Barcelona se porta un poco a la altura esta vez.
domingo, 15 de marzo de 2009
El Fin de Paris
¡¡Aja!! Yo sabía que mis nervios al caminar de noche por esta ciudad tan bonita no podían ser injustificados. En el tren camino a Euro Disney iban chismoseando algunos estudiantes y cuando contaron lo de la chica de Bélgica decidí parar la oreja. Resulta que a una belga, grandota ella, la asaltaron en la puerta de la casa donde vive acá. Vino el tipo mientras ella abría la puerta y le tapo la boca, le pidió toda su plata y ella le comenzó a sacar lo que encontraba. Después de comprobar que había más, el tipo molesto le dijo que no trate de burlarse de él. Finalmente le advirtió que la iba a soltar y que no grite para no hacerle nada. Ella de puro nervios pego de alaridos cuando la soltó y el tipo le lanzo pepper spray a los ojos y mientras ella no veía la comenzó a manosear toda.
Solo porque escucho los pasos del dueño de casa la dejo ahí y desapareció. A esta pobre chica la tuvieron que llevar al hospital porque no veía nada, le sacaron un montón de plata y encima la dejaron traumada porque casi la violan. Por más que mi zona sea más segura que la de ella, ya no hay duda de que esta ciudad es peligrosa.
Mis antenitas de vinil captaban la presencia de enemigos, no es que tenía un prejuicio, para nada, era solo mi instinto de supervivencia mandándome señales de alerta. Siempre es bueno comprobar que funciona tan bien.
Paso a temas más ligeros porque tampoco se trata de andar por ahí asustando o deprimiendo. Lo último que quiero es hacer que alguien deje de venir a esta ciudad que es realmente maravillosa, solo que hay que ver a donde ir y a donde no. Eso de saber a donde esta uno seguro en una ciudad, se aplica a todo el mundo porque toda sociedad tiene sus lacras, son la maldición que pone a prueba las bendiciones de cada población.
El último fin de semana tuve el privilegio de conocer un lado más parisino de Paris. Lo había estado esperando mucho porque venía Claudita desde Londres. Fui puntualísima a encontrarla a la Gare du Nord, es que como venía desde Inglaterra, sabía que el tren iba a llegar en punto, hora inglesa le dicen. Dicho y hecho. Nos vimos y nos abrazamos, un poco incrédulas, es raro encontrarnos en Paris cuando siempre nos vemos en Lima. Ya aclimatadas a la situación le pregunte donde quedaba la casa de su amiga Nina. Casi me da un surménage cuando me dijo que teníamos que ir a la temible Château d’Eau, si había sido una situación tan intimidante a plena luz del día, ¡¿Cómo seria a las nueve de la noche?!
Solo para dejarme como loca frente a Claudia, el destino se encargó de desocupar la estación y dejarla ordenadita. Salimos a la calle y lo mismo, cada uno en su nota y nadie te molestaba. Caminamos un poco y finalmente encontramos la calle y el edificio, un sitio muy bonito. Cinco pisos de escaleras más tarde estábamos entrando al depa de Nina. Acá todo es chiquitito y su casita no era la excepción, debe tener entre 20 y 25 metros cuadrados en total. Poco faltaba para que pongan la ducha sobre el wáter como hacen algunos en Lima, pero no llegaron a tanto.
Ya de arranque me cayeron súper bien sus amigas, no se veían hace un tiempo y habían estudiado juntas, sin embargo no me sentí fuera de lugar en ningún momento. Supimos que íbamos a tomar unos tragos ahí y ya después salir. Estuvimos las 4 un ratito y después de poco tocaron la puerta y entraron 2 más, seguidos por 3 más. Timbre, 4 más. Puerta, 2 más. Alguien abrió la puerta para ir a fumar un pucho a la calle y entraron 7 más. Ahí paré de contar, parecía la escena de “A night at the opera” de los hermanos Marx en la que entra un montón de gente en una sola cabina.
Para los que no sepan mucho de cine http://www.youtube.com/watch?v=8ZvugebaT6Q
Me volví popular rápidamente porque en Europa tienen una obsesión con los mojitos, así es que cuando les dije como se preparaba realmente en La Habana se desató la histeria. Caí en el roll de bar tender y conocí a casi todos en la fiesta. La chamba solo duró hasta que se termino la botella de ron y después seguí conversando con más gente interesante.
Ese fin de semana fui a comer a un típico restaurant francés, camine mucho, conocí mucha gente divertida y me la pase súper con Claudita. Hablamos mucho, nos reímos más y hasta tuvimos momentos de euforia que terminaron con bailes típicos del Perú en calles de Paris.
La última semana en Paris la use para ir a Disney y correr durante 10 horas sin parar yendo de un juego a otro (Lo que prueba que no solo por fuera aparento tener menos años). Me subí a todo, sin importar cuánto miedo me diera alguna montaña con loop, solo tenía que cerrar los ojos.
Solo se vive una vez y prefiero lamentarme por algo ya hecho que arrepentirme siempre por no haberlo intentado. Y eso se tiene que aplicar a todo.
Por fin el jueves volví a comer escargots, no los comía desde chica. Durante el primer gobierno de Alan cuando no había nada en las tiendas y se compraba todo de contrabando porque hasta el agua tenía gorgojos, me acuerdo que mamama o tía Emilia compraban unas latas de escargots que venían en un tubo transparente lleno de conchitas de plástico para ponerlos ahí. Me acuerdo también que me encantaban y me los devoraba como si fueran caramelos. Desde chica he tenido gustos rarísimos, moría por el queso apestoso y se por mi mamá que cuando tenía un año ya comía cebiche.
Volviendo a los caracolitos, estaban muy ricos y todo, pero los malditos se pasearon como Pedro por su casa dentro de mi durante toda la noche. Quien iba a creer que 10 míseros animalitos con mucho ajo y mantequilla iban a tener mayor impacto en mí que 10 horas de imparable movimiento en Disney.
Es así que sin darme cuenta se me pasaron todos los días y ahorita estoy sentada en el aeropuerto esperando para abordar el avión rumbo a Roma. Me llevo de Paris muchas cosas aprendidas y experiencias de todo tipo. Ahora me conozco un poco más que antes y entiendo mejor lo que quiero y lo que no estoy dispuesta a soportar. Y tal como lo supe desde muy niña, para mí no hay mejor destino que mi querido Perú.
jueves, 5 de marzo de 2009
África mía: Encuentro de varios continentes
No sabía que la línea 4 del metro de Paris te dejaba en África.
Camino a Montparnasse tomé la línea 8, como siempre, para cambiar en Strasbourg St Denis a la 4 y dirigirme a la estación de Vavin.
En la estación de metro donde tenía que hacer el cambio me gané con una batida porque había como cinco ambulantes que, muy campantes, habían puesto sus sabanas llenas de juguetes en el suelo y no dejaban paso para la gente. Por voltear a mirar si eran peruanos me debo haber pasado el cartel que decía Porte d’Orleans que es la dirección a la que debía ir.Baje las escaleras y justo llegaba el tren, entonces corrí para alcanzarlo y me metí. Ya adentro y en movimiento me di cuenta de que estaba yendo en la dirección opuesta.
Pensé que no era problema pues la siguiente parada era Château d’Eau y solo tiene línea 4, por ende sería solo cuestión de subir y bajar unas cuantas escaleritas. No contaba con que “Château d’Eau” es clave para “Bienvenidos al África”, que barbaridad, parecía el festival del gato en Cañete.
No es que estaban todos tranquilitos transitando, en ese caso hubiera caminado tranquila pensando que caí en Chincha, no, estaban todos al acecho, algunos en apareamiento y otros haciendo de “jalador”.*₁
Yo que aprendo rápido, los ignoré. Seguí caminando como si nada y logre esquivar a varios pirañas, pero hubo un maldito que me comenzó a seguir, yo, MUTIS. Ya cuando el muy atrevido me vino a agarrar la espalda, tuve que mirarlo desafiante y soltarle un “Arrête!”, equivalente al sonoro y cortante “¡Carajo!” limeño.*₂
Seguí caminando sin voltear y subí las escaleras que según yo me llevarían a la seguridad de las calles de Paris y su gente, error, en la cima me esperaban seis mas como buitres. Los esquivé con esa maestría que se adquiere a cocachos en el Perú. Ya más libre, me ubique al lado de un pelucón que fumaba en la puerta de una tienda. El fumaba, yo repasaba el hecho de que parecíamos dos merengues infiltrados en una gran torta de chocolate.
Considere entrar a la tienda, pero su interior se veía más peligroso que la propia calle. Estuve a punto de preguntarle al otro merengue donde quedaba la siguiente estación de metro, pero tenía pinta de no querer ser interrumpido. En medio de ese debate interno logré divisar al otro lado de la calle lo que buscaba.
Supuse que en esta zona no era seguro esperar a que el hombrecito del semáforo pase de rojo a verde y aplique cruzada à la Limá. Llegué y justo partía mi tren, seguí caminando sin parar esperando al siguiente, no había un rincón libre de gallinazos, me sentía como langosta en pecera de restaurant.
Porque Dios es grande, o porque el sistema de transportes de Paris conoce a su gente, en esta estación pasan los trenes solo cada dos minutos. Ya adentro, mientras veía cerrarse las puertas frente a mí, pude respirar otra vez.*₃
Agradecí poder preocuparme por algo tan ligero como llegar a tiempo a encontrar a Patricia y Jean Pierre en la puerta del cine. Cuando les conté lo que había pasado me confirmaron espantados que había estado en una de las zonas más peligrosas de Paris. Que habilidad nueva estoy descubriendo en mi, esta de meterme en situaciones desagradables.
Tras ver una película muy bonita nos fuimos por una urgente copa de vino a La Coupole, un lugar muy conocido en Paris. Es un restaurant enorme que tiene mucha historia y entre su reconocida clientela tenía a Jean-Paul Sartre y Roman Polanski. Se inauguró en 1927 y se renovó en los ochentas.
Después de un vino bueno y una mejor charla, nos despedimos casi a las once de la noche. Tomé el metro tranquila, sabiendo que ni pasaría por el portal a la dimensión desconocida. Igual hasta ahora he tenido suerte, hay chicas en el instituto que han visto cosas horribles en el metro. Una tuvo que ser testigo de un loco complaciéndose a sí mismo y otra vio como otro usaba el vagón como baño y no para hacer pila. Espero no salarme al decir que estoy aliviada y que Murphy *₄(el de la ley *₅) sepa diferenciar entre mi agradecimiento y lo que se llama escupir al cielo. Lo último que quiero es tentar mi suerte.
1. *JALADOR: Dícese de la persona que se para a una distancia moderada de un negocio y se ubica en zonas de alto transito para conseguir clientela y jalarla hasta el local.
domingo, 1 de marzo de 2009
Un consejo, aunque venga de un … ratón
Domingo 1ro de marzo de 2009 1.39am
Esperando el metro que me va a llevar a casita, no sé si vendrá, espero que si porque mi pan B no es muy eficaz. Tendría que irme en bus y la verdad es que no domino mucho ese sistema de transporte.
Al menos no estoy sola en la estación, hay 3 personas más como de mi edad. Una chica y dos chicos, si no llega el metro podemos hacer una fiesta. La pregunta es qué hacer con el indigente que duerme plácidamente en un sleeping a solo unos metros de nosotros.
Aparentemente la dirección a la que voy no es muy popular porque la línea que va en sentido opuesto ya paró dos veces.
Ha salido un ratoncito intrépido a oletear los tachos de basura. Eso solo aumenta mi incertidumbre y me hace sudar frio porque sospecho que los amigos de Ratatouille tienen sus horarios bien definidos y saben muy bien a qué hora es seguro salir. Basta conocer un poco de animales para llegar a esa conclusión.
Ni siquiera funcionó mi plan de sacar libreta y lapicero para que Murphy se mande a traer el bendito tren. Se acerca un tipo con su enamorada gritona y le dice algo a la chica que está a mi costado, creo que le dijo que el metro no pasa más. ¡Oh Oh! Mejor apago la música.
Domingo 1ro de marzo de 2009 3.11am
Efectivamente, ya no había más metro hasta las 6am me parece, y yo sin mapa de buses. Me fije cual era el bus más cercano a Invalides que me dejara en Bastille y tome nota mental, fácil de acordarse, línea 69. Por desgracia, cuando finalmente llegue al “paradero” me di con la ingrata sorpresa de que ya no pasaban a esa hora.
Consideré por un momento llamar a Patricia, había estado en su casa comiendo Raclette con ella, su esposo y su sobrina, y la noche había estado tan agradable que se nos habían pasado seis horas como si nada. Preferí no molestarlos, ni que tuviera 14 años para hacer que saquen el carro y me vengan a rescatar.
Sobre paró un taxi y en estado de pánico la pensé por un momento, ya había pasado por un grupo de chicos que gritaban “cocaaaaaaaaaa” como desatados, no era la mejor imagen de Paris. Sin embargo, cuando calculé la millonada que me costaría ese taxi, aprovechando que no conozco la ciudad me la podía hacer larguísima, me llené de valor y volví a la estación de metro para ver el plano de buses una vez más.
Esta vez sí encontré el horario y la lista de los que pasan toda la madrugada, había uno más o menos cerca que iba por todo Champs-Elysées hasta Bastille. Primero aproveché y caminé atrás de un chico con pinta confiable, pero tenía otra ruta. Lo primero que me dije (sí, me dije, porque fui hablando sola todo el camino a ver si se me quería acercar un loco y creía que yo estaba peor) fue que no estaba en el centro de Lima y pensé en el asalto de la pobre Maricel. Por desgracia, me traicionó mi propia mente y pensé que en grandes ciudades como esta hay mucho loco y ya he tenido mi cuota. Me trate de calmar diciéndome que en Estados Unidos es peor y nunca me pasó nada cuando caminaba de madrugada cinco cuadras oscuras en medio de la nieve de Reno.
Llegue al rio Sena, que lindo de noche y qué bonito puente, otro día lo miro sin tener cara de susto. Había una fiesta en un bote y una masa de borrachos. Creí que ya había llegado, pero no, la calle era muy angosta para ser la que buscaba. Seguí caminando y finalmente la encontré.
Caminé no sé cuantas cuadras buscando el maldito paradero hasta que me di cuenta que me estaba alejando de las luces y el gentío, media vuelta. Llegué y solo me tocó esperar unos minutos.
Dentro del bus fue otro cuento, olía a borracho combinado con muerto fresco y la gente estaba en otra. Me quedé cerca del chofer, un poco más y lo abrazo, esperando paciente hasta llegar a mi parada. Había dos chicas rusas sentaditas y subieron dos negrotototes a meterles letra, las pobres les contestaban como podían y cuando hablaban entre ellas en su idioma uno de ellos se ponía a gritar y le agarraba la pierna a una. Que tal pesadilla, ya estaba el tipo a punto de gritarles que eran unas zorras malditas (porque eso hacen cuando no les das bola, simpatiquísimos ellos) cuando divisé el ovalo que me es ya tan familiar, ¡Esquina bajan! Por fin, ahora solo faltaba caminar como 6 cuadras más esquivando pigmeos y adolescentes entusiastas.
Cuando cerré la puerta del edificio detrás de mí, relajé todos los músculos de mi cuerpo y me dieron muchas ganas de hacer pila. Camino al ascensor comenzaron los rezos para que la dueña de la casa no haya puesto la cadena pensando que ya no iba a llegar a dormir. Gracias San Expedito una vez más. Uno que siempre extraña su propia cama, hoy le he tomado un cariño especial a la camita en la que duermo acá y seguro que ella a mí también, después del abrazo lleno de amor que le di cuando entre a mi cuarto. Full adrenalina.
