Domingo 1ro de marzo de 2009 1.39am
Esperando el metro que me va a llevar a casita, no sé si vendrá, espero que si porque mi pan B no es muy eficaz. Tendría que irme en bus y la verdad es que no domino mucho ese sistema de transporte.
Al menos no estoy sola en la estación, hay 3 personas más como de mi edad. Una chica y dos chicos, si no llega el metro podemos hacer una fiesta. La pregunta es qué hacer con el indigente que duerme plácidamente en un sleeping a solo unos metros de nosotros.
Aparentemente la dirección a la que voy no es muy popular porque la línea que va en sentido opuesto ya paró dos veces.
Ha salido un ratoncito intrépido a oletear los tachos de basura. Eso solo aumenta mi incertidumbre y me hace sudar frio porque sospecho que los amigos de Ratatouille tienen sus horarios bien definidos y saben muy bien a qué hora es seguro salir. Basta conocer un poco de animales para llegar a esa conclusión.
Ni siquiera funcionó mi plan de sacar libreta y lapicero para que Murphy se mande a traer el bendito tren. Se acerca un tipo con su enamorada gritona y le dice algo a la chica que está a mi costado, creo que le dijo que el metro no pasa más. ¡Oh Oh! Mejor apago la música.
Domingo 1ro de marzo de 2009 3.11am
Efectivamente, ya no había más metro hasta las 6am me parece, y yo sin mapa de buses. Me fije cual era el bus más cercano a Invalides que me dejara en Bastille y tome nota mental, fácil de acordarse, línea 69. Por desgracia, cuando finalmente llegue al “paradero” me di con la ingrata sorpresa de que ya no pasaban a esa hora.
Consideré por un momento llamar a Patricia, había estado en su casa comiendo Raclette con ella, su esposo y su sobrina, y la noche había estado tan agradable que se nos habían pasado seis horas como si nada. Preferí no molestarlos, ni que tuviera 14 años para hacer que saquen el carro y me vengan a rescatar.
Sobre paró un taxi y en estado de pánico la pensé por un momento, ya había pasado por un grupo de chicos que gritaban “cocaaaaaaaaaa” como desatados, no era la mejor imagen de Paris. Sin embargo, cuando calculé la millonada que me costaría ese taxi, aprovechando que no conozco la ciudad me la podía hacer larguísima, me llené de valor y volví a la estación de metro para ver el plano de buses una vez más.
Esta vez sí encontré el horario y la lista de los que pasan toda la madrugada, había uno más o menos cerca que iba por todo Champs-Elysées hasta Bastille. Primero aproveché y caminé atrás de un chico con pinta confiable, pero tenía otra ruta. Lo primero que me dije (sí, me dije, porque fui hablando sola todo el camino a ver si se me quería acercar un loco y creía que yo estaba peor) fue que no estaba en el centro de Lima y pensé en el asalto de la pobre Maricel. Por desgracia, me traicionó mi propia mente y pensé que en grandes ciudades como esta hay mucho loco y ya he tenido mi cuota. Me trate de calmar diciéndome que en Estados Unidos es peor y nunca me pasó nada cuando caminaba de madrugada cinco cuadras oscuras en medio de la nieve de Reno.
Llegue al rio Sena, que lindo de noche y qué bonito puente, otro día lo miro sin tener cara de susto. Había una fiesta en un bote y una masa de borrachos. Creí que ya había llegado, pero no, la calle era muy angosta para ser la que buscaba. Seguí caminando y finalmente la encontré.
Caminé no sé cuantas cuadras buscando el maldito paradero hasta que me di cuenta que me estaba alejando de las luces y el gentío, media vuelta. Llegué y solo me tocó esperar unos minutos.
Dentro del bus fue otro cuento, olía a borracho combinado con muerto fresco y la gente estaba en otra. Me quedé cerca del chofer, un poco más y lo abrazo, esperando paciente hasta llegar a mi parada. Había dos chicas rusas sentaditas y subieron dos negrotototes a meterles letra, las pobres les contestaban como podían y cuando hablaban entre ellas en su idioma uno de ellos se ponía a gritar y le agarraba la pierna a una. Que tal pesadilla, ya estaba el tipo a punto de gritarles que eran unas zorras malditas (porque eso hacen cuando no les das bola, simpatiquísimos ellos) cuando divisé el ovalo que me es ya tan familiar, ¡Esquina bajan! Por fin, ahora solo faltaba caminar como 6 cuadras más esquivando pigmeos y adolescentes entusiastas.
Cuando cerré la puerta del edificio detrás de mí, relajé todos los músculos de mi cuerpo y me dieron muchas ganas de hacer pila. Camino al ascensor comenzaron los rezos para que la dueña de la casa no haya puesto la cadena pensando que ya no iba a llegar a dormir. Gracias San Expedito una vez más. Uno que siempre extraña su propia cama, hoy le he tomado un cariño especial a la camita en la que duermo acá y seguro que ella a mí también, después del abrazo lleno de amor que le di cuando entre a mi cuarto. Full adrenalina.

No hay comentarios:
Publicar un comentario