Cheese & Wine

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Foto con Cuasimodo tocando las campanas, si se le ve la joroba! .. o será el vino que me tome?

Fontana di Trevi

Fontana di Trevi

miércoles, 18 de marzo de 2009

Preguntando, preguntando... se llega a Roma

Dicen que todos los caminos te llevan a Roma pero que haces cuando ya estas ahí y no encuentras una dirección. Preguntas pues, porque pregustando llegas a Roma. Ya me vieran improvisando italiano de la nada para poder encontrar por cual calle tenía que entrar para regresar a la casa de mi prima.

Primero al chofer del bus para no terminar en otra ciudad “scusi, piazza Vescovio?” (Notar el parecido con Devescovi para entender como recuerdo el nombre). El truco es comerse la mayor cantidad de artículos y conectores, lo mismo para pedir direcciones “Per favore, PONER NOMBRE DE LA CALLE AQUI?”. Finalmente logre llegar.

La primera vez que vine a Roma no entre al Coliseo porque la cola le daba la vuelta y también porque no alcanzaba la plata, esta vez pude entrar. Qué bueno que hace dos años no lo hice porque tenía el tiempo muy justo y me hubiera muerto si es que tenía que entrar, mirar y salir. En cambio ahora, con todo el tiempo del mundo, me quede cuatro horas y creo que tengo más fotos del Coliseo que de todo un mes en Paris.

No sé que es, porque Paris es maravilloso y le sobra historia, pero algo de ese lugar me volvió loca y no me quería ir jamás. Puede ser que había un sol delicioso (por si alguien lo dudaba, el sol lo traje conmigo también, porque se esperaba lluvia ese día) y tenía la combinación perfecta entre calor, viento y el frio del mármol en el que me senté un rato a leer. Estoy leyendo un libro en francés, la versión original es inglesa y la película se va a estrenar pronto “Confessions of a shopaholic” (http://www.youtube.com/watch?v=Y0YkN37Uajw). Ahora me da gusto no haber encontrado la versión original porque en realidad entiendo sin problemas y me conviene.

La gente es súper amable en Roma, seguro que en toda Italia. Tampoco me puedo quejar de los franceses porque en ningún momento me trataron feo, esto podría deberse a esa maravillosa cualidad, heredada de mi madre, de sonreír con cara de desubicada. Un día fui a renovar mi boleto semanal del metro y estaba atrás de unas coreanas que habían colmado la paciencia del francés de la ventanilla. Pensé que si cometía algún error me agarraría a gritos a mí también, pero una vez que le sonreí con cara de idiota me trato con mucha amabilidad.

Volviendo a Roma, el martes salí temprano con Marilú. Fuimos a Termini “Per favore, signore, a la stazzione di treni, pronto!” jajajajajaEntramos a unas iglesias y después ella se fue a recoger a Isabella (su hija) al cole. Yo fui a lo mío, encontré la tienda maravillosa de zapatos baratos a la que fui hace dos años. Era tan mágica como la recordaba. En una caja que decía €15 encontré zapatos lindos de mi talla. Me había jurado que solo iba por botas y un par de stilettos color azul eléctrico. ¿A quién trato de engañar?

Obviamente no me gusto ni una de las botas, así es que me fui por unos botines negros y termine con 4 pares de zapatos en una bolsa que no sé cómo voy a llevar a Barcelona y mucho menos a Lima. Pero aquí no se queda nada, eso lo tengo claro. Bueno, no se queda ni un par de zapatos nuevos al menos. Aunque me los tenga que llevar en la mano o sobre la cabeza.

Me sorprende mi buen sentido de ubicación o la fuerte impresión que Roma tuvo en mí. Primero encontré al pata que vende los suvenirs mucho más baratos, después la tienda de zapatos y finalmente, a puro pulso nada mas, encontré el pub irlandés por el que pasamos una vez mientras buscábamos donde comer.

Mi día de San Patricio no fue muy festivo porque fui demasiado temprano y solo me quedaba unas monedas después de la aventura del zapato. Pero igual me pude sentar ahí a escuchar música irlandesa (Ah, Yer Drunk! – si ponían esa me tiraba de cabeza a la fontana di Trevi) y a tomar mi vaso de Cidra (no Andrés, no hay chela verde acá). Además, el hindú que atendía (globalización) me regalo un gorro lindo a pesar de que no tome Guinness.

Roma es una maravilla, algunas villas o casas muy grandes tienen unas macetas gigantes con árboles de naranja y limón en la parte superior de sus muros, se ve lindo. De la gente ni hablar, uno de los guardias que chequea que no entres con armas al vaticano era tan espectacular que deberían tener formularios para hacerse monja a su costado, digo, si les faltara gente.

Lo que no falta son personitas que te quieren timar, llegue a la plaza Navona (la que tiene forma de estadio porque abajo encontraron uno. Por eso solo tienen 2 líneas de metro, porque cada vez que van a hacer otras encuentran teatros y monumentos escondidos) y vi a los graciosos que te hacen pulseritas con hilos para la suerte y de ahí te quieren cobrar un montón. No les tire mi zapato nomas porque estaba de buenas. Los largué antes de que me traten de embaucar.

Menos mal que justo después de ese incidente me fui a caminar sin rumbo y vi a un señor comiendo un helado que se veía espectacular, diferente a cualquier helado que he visto en Roma. Se lo comía con tal gusto que tenía que ser especial. Calculando que no estaba muy chupeteado todavía, supuse que la heladería debía estar cerca. Seguí caminando un poco más y cuando vi a dos personas más con helados supe que iba por buen camino. ¡Muérete de envidia Sherlock Holmes!

Finalmente llegue a Giolitti (www.giolitti.it) y me pedí un helado de canela y Baylys, que tal manjar. Después me confirmó Marilú que es la heladería más famosa de Roma. Si todo peruano es un sibarita nato. No hay duda.
Después de ir al Vaticano pasé por ahí cerca y ya que era mi ultimo día en la ciudad, me baje del bus y me fui por un helado. Me demoré siglos en escoger, menos mal que había un montón de gente en la cola antes de mi. Finalmente me fui por lo fresco pero raro para mí. Mora, champagne y mela verde (manzana verde). ¡Cuanta pasa, cuanta fruta! Encima le montan crema.

Arriesgándome a sonar igual de absurda que Sussy Diaz con sus caramelitos de licor, creo que se me trepo el helado de champagne, era puro trago. Menos mal que fui sentada casi todo el regreso en bus porque aca son unos animales. Puede ser que ha pasado demasiado tiempo desde la última vez que me subí a una combi, o puede ser que los italianos son más latinos de lo que jamás imaginé.

Ya de salida confirmé que tan latinos son los italianos, nos han pasado de una puerta de embarque a otra y parece que vamos a salir media hora más tarde. Pero a quien le importa, vine a Roma, vi Roma y vencí cualquier contratiempo en Roma, han sido unos días maravillosos. Vamos a ver si Barcelona se porta un poco a la altura esta vez.

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