Cheese & Wine

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Foto con Cuasimodo tocando las campanas, si se le ve la joroba! .. o será el vino que me tome?

Fontana di Trevi

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domingo, 15 de marzo de 2009

El Fin de Paris


¡¡Aja!! Yo sabía que mis nervios al caminar de noche por esta ciudad tan bonita no podían ser injustificados. En el tren camino a Euro Disney iban chismoseando algunos estudiantes y cuando contaron lo de la chica de Bélgica decidí parar la oreja. Resulta que a una belga, grandota ella, la asaltaron en la puerta de la casa donde vive acá. Vino el tipo mientras ella abría la puerta y le tapo la boca, le pidió toda su plata y ella le comenzó a sacar lo que encontraba. Después de comprobar que había más, el tipo molesto le dijo que no trate de burlarse de él. Finalmente le advirtió que la iba a soltar y que no grite para no hacerle nada. Ella de puro nervios pego de alaridos cuando la soltó y el tipo le lanzo pepper spray a los ojos y mientras ella no veía la comenzó a manosear toda.

Solo porque escucho los pasos del dueño de casa la dejo ahí y desapareció. A esta pobre chica la tuvieron que llevar al hospital porque no veía nada, le sacaron un montón de plata y encima la dejaron traumada porque casi la violan. Por más que mi zona sea más segura que la de ella, ya no hay duda de que esta ciudad es peligrosa.

Mis antenitas de vinil captaban la presencia de enemigos, no es que tenía un prejuicio, para nada, era solo mi instinto de supervivencia mandándome señales de alerta. Siempre es bueno comprobar que funciona tan bien.

Paso a temas más ligeros porque tampoco se trata de andar por ahí asustando o deprimiendo. Lo último que quiero es hacer que alguien deje de venir a esta ciudad que es realmente maravillosa, solo que hay que ver a donde ir y a donde no. Eso de saber a donde esta uno seguro en una ciudad, se aplica a todo el mundo porque toda sociedad tiene sus lacras, son la maldición que pone a prueba las bendiciones de cada población.

El último fin de semana tuve el privilegio de conocer un lado más parisino de Paris. Lo había estado esperando mucho porque venía Claudita desde Londres. Fui puntualísima a encontrarla a la Gare du Nord, es que como venía desde Inglaterra, sabía que el tren iba a llegar en punto, hora inglesa le dicen. Dicho y hecho. Nos vimos y nos abrazamos, un poco incrédulas, es raro encontrarnos en Paris cuando siempre nos vemos en Lima. Ya aclimatadas a la situación le pregunte donde quedaba la casa de su amiga Nina. Casi me da un surménage cuando me dijo que teníamos que ir a la temible Château d’Eau, si había sido una situación tan intimidante a plena luz del día, ¡¿Cómo seria a las nueve de la noche?!

Solo para dejarme como loca frente a Claudia, el destino se encargó de desocupar la estación y dejarla ordenadita. Salimos a la calle y lo mismo, cada uno en su nota y nadie te molestaba. Caminamos un poco y finalmente encontramos la calle y el edificio, un sitio muy bonito. Cinco pisos de escaleras más tarde estábamos entrando al depa de Nina. Acá todo es chiquitito y su casita no era la excepción, debe tener entre 20 y 25 metros cuadrados en total. Poco faltaba para que pongan la ducha sobre el wáter como hacen algunos en Lima, pero no llegaron a tanto.

Ya de arranque me cayeron súper bien sus amigas, no se veían hace un tiempo y habían estudiado juntas, sin embargo no me sentí fuera de lugar en ningún momento. Supimos que íbamos a tomar unos tragos ahí y ya después salir. Estuvimos las 4 un ratito y después de poco tocaron la puerta y entraron 2 más, seguidos por 3 más. Timbre, 4 más. Puerta, 2 más. Alguien abrió la puerta para ir a fumar un pucho a la calle y entraron 7 más. Ahí paré de contar, parecía la escena de “A night at the opera” de los hermanos Marx en la que entra un montón de gente en una sola cabina.
Para los que no sepan mucho de cine
http://www.youtube.com/watch?v=8ZvugebaT6Q

Me volví popular rápidamente porque en Europa tienen una obsesión con los mojitos, así es que cuando les dije como se preparaba realmente en La Habana se desató la histeria. Caí en el roll de bar tender y conocí a casi todos en la fiesta. La chamba solo duró hasta que se termino la botella de ron y después seguí conversando con más gente interesante.

Ese fin de semana fui a comer a un típico restaurant francés, camine mucho, conocí mucha gente divertida y me la pase súper con Claudita. Hablamos mucho, nos reímos más y hasta tuvimos momentos de euforia que terminaron con bailes típicos del Perú en calles de Paris.

La última semana en Paris la use para ir a Disney y correr durante 10 horas sin parar yendo de un juego a otro (Lo que prueba que no solo por fuera aparento tener menos años). Me subí a todo, sin importar cuánto miedo me diera alguna montaña con loop, solo tenía que cerrar los ojos.
Solo se vive una vez y prefiero lamentarme por algo ya hecho que arrepentirme siempre por no haberlo intentado. Y eso se tiene que aplicar a todo.

Por fin el jueves volví a comer escargots, no los comía desde chica. Durante el primer gobierno de Alan cuando no había nada en las tiendas y se compraba todo de contrabando porque hasta el agua tenía gorgojos, me acuerdo que mamama o tía Emilia compraban unas latas de escargots que venían en un tubo transparente lleno de conchitas de plástico para ponerlos ahí. Me acuerdo también que me encantaban y me los devoraba como si fueran caramelos. Desde chica he tenido gustos rarísimos, moría por el queso apestoso y se por mi mamá que cuando tenía un año ya comía cebiche.

Volviendo a los caracolitos, estaban muy ricos y todo, pero los malditos se pasearon como Pedro por su casa dentro de mi durante toda la noche. Quien iba a creer que 10 míseros animalitos con mucho ajo y mantequilla iban a tener mayor impacto en mí que 10 horas de imparable movimiento en Disney.

Es así que sin darme cuenta se me pasaron todos los días y ahorita estoy sentada en el aeropuerto esperando para abordar el avión rumbo a Roma. Me llevo de Paris muchas cosas aprendidas y experiencias de todo tipo. Ahora me conozco un poco más que antes y entiendo mejor lo que quiero y lo que no estoy dispuesta a soportar. Y tal como lo supe desde muy niña, para mí no hay mejor destino que mi querido Perú.

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