Ya comenzaba a creer que no iba a llegar a Paris jamás, cuando fui el viernes (un día antes de mi vuelo) a recoger mi pasaporte a la embajada de Francia y vi el maldito papelito que decía “Visa Denegada” sentí que se me caía el mundo encima. No me podía rendir, había demasiada plata en juego y no me iba a quedar tranquila. Me plante en la puerta de la embajada y pedí hablar con la cónsul, me dijeron los guachimanes que trabajaban solo hasta la 1pm y eran la 1.15pm. Claro, como tienes que recoger el pasaporte entre las 12.30pm y la 1pm no te da tiempo para reclamos. Pero les deje más que claro que yo de ahí no me movía.
Finalmente, después de esperar una hora bajo el sol africano del rico verano que se vive en Lima a mediados de febrero y tras ofrecerle a Dios que entraría a todas las iglesias que viera en Paris, me hicieron pasar. Me recibió un gendarme que te deja con ganas de entrar con un arma para que te tenga que revisar toda, muy amable él. A esperar comiéndome las uñas y haciéndole más promesas a Dios, San Expedito y el Señor de los
Milagros; No puedo comer chocolates en Francia, a menos que me los ofrezcan y en octubre tengo que ir a la procesión.
Menos mal que en media hora salió la cónsul, estaba a punto de ofrecer vestirme de morado todo el año, regalarle mi primogénito a Rumpelstinski y si nadie de arriba me daba una señal ya iba a pedir teléfono para marcar 666 y venderle mi alma al diablo, o lo que quiera comprar.
La preocupación de la cónsul es exactamente la misma de mi madre, que no tengo hijos. Claro, si no tienes hijos no eres nadie para una embajada, eres una señal de alarma porque significa que no hay nada relevante que te ate al país tercermundista donde naciste. Esta no se entero nunca de la quema de sostenes en los 60s. Le tuve que explicar bonito que a pesar de no tener prole que haya parido, tengo prole mayor que yo, incluyendo a la que me ha parido a mi. Le hice entender bonito que si yo fuera tan egoísta como para largarme, mi madre acabaría sus días colgada de un árbol.
Además tengo lazos familiares y de amistad muy fuertes en mi Perucito y no sería feliz largándome para nunca más volver.
Algo en mis palabras la conmovió, o seria que vio mi edad en el pasaporte y le di pena. Sea como sea, me ligo mi milagro de la década porque se metió no sé donde con mi pasaporte y me lo trajo con visa por 3 meses (yo solo quería 6 semanas madame).
El avión no fue tan cómodo esta vez porque no conseguí asiento en la fila 10. Lo bueno es que me toco viajar con mi primo Mariano y eso dejo a mi mama más tranquila. No sé porque, pero lo que sea que la haga feliz me basta. A mi costado se sentó un Tío Ruso churron, dolorosísimo el y elegantísimo con su saco de terno, pero después de 13 horas ya su asiento olía a puesto de butifarras del parque Kennedy. ¿Por qué? Dios mío ¡¿Por qué?!
Como era de esperarse, de mí, no pude dormir en el avión y vi como 5 películas. Ya en Holanda subí al avión para Paris y ahí si caí como plomo. Me recogieron los del Instituto y me llevaron a la casa de Marguerite. Muy simpática, ella y su casa. Tengo mi propio cuarto, con balcón y escritorio, como verán tengo internet también.
Quién diría que tenía suficiente francés para comunicarme sin trabas. El sistema de metro es bastante fácil, no tanto como el de Londres, nunca tanto, pero lo suficiente como para que me pueda manejar por todos lados con mi tarjetita sin sentir que me voy a perder en cualquier momento.
La ciudad es mucho más grande de lo que imaginaba, no creo que llegue a conocerla tan bien como a Munich, pero vamos a hacer el esfuerzo igual.
Después de pasar la primera noche (que suele ser la peor porque es cuando comienzas a extrañar a tu gente y te preguntas si estás haciendo bien las cosas o si eres una bestia impulsiva que más o menos y se subió al Titanic de polizonte para descubrir nuevos mundos) todo se ve más claro y mejor. No pude dormir mucho, para variar.
Llegue un poquitín tarde (raro también) al instituto, menos mal no fui la única. Hoy solo comenzamos dos personas, yo y un señor de Libia que se llama Mustafá y tiene 43 años. Es muy simpático, me cae bien. La presentación estuvo a cargo de Matar, un negrito francés que está a cargo de las actividades (no polladas) y Tina, una Belga que acaba de entrar a trabajar hoy en el instituto.
Mientras esperaba que Mustafá termine su examen estuve viendo posters de otros institutos, desearía no saber castellano y tener que aprenderlo, hay una escuela en Costa Rica que parece un paraíso tropical, una casa gigantesca con piscina. Podría postular para hacer una práctica ahí o ya tendré que esperar a mi próxima vida, en la que voy a nacer en Europa con un pasaporte que no le apeste tanto al primer mundo.
El primer día no hay clases, así es que como parte de las actividades, Matar nos llevo a conocer Notre Dame, ya justo cuando nos íbamos, Cuasimodo toco las campanas y me emocione mucho, jamás pensé conocerlo.
Ya tengo teléfono, ya rompí mis botas y mañana me espera la ardua labor de ir a comprarme unas nuevas. A mí que no me gusta.
Vamos a ver qué aventuras me trae esta ciudad de las luces, pronto voy a poder regular mi sueño y ya todo será felicidad.
lunes, 16 de febrero de 2009
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