martes, 24 de febrero de 2009
IN MEMORIAM
Hay sospechas que uno desearía no confirmar jamás.
Ya hace días que tengo sueños que hacen que me despierte de un sobresalto en medio de la noche. Algunos me dejan con el impulso de llamar a mi casa y ver si todos están bien. Quisiera poder recordar cuál fue el sueño que me impactó tanto ayer y que me dejó con la sensación de que mamama ya no estaba más con nosotros.
Ayer, lunes, sin razón aparente, en lo único que podía pensar era en el chiste de papá molino. ¿No lo conocen? Es el del niño que viaja a Holanda con su papá y trata de aprender a pronunciar bien la palabra molino. Tras muchos intentos, el padre tira la toalla y se lo lleva a conocer otras cosas del país. Ya estaban en los tulipanes cuando el niño comienza a gritar:
- “¡Papá molino!”
- “Si hijito ¡muy bien! Así se dice”
-“¡Papá molino!”
-“Si hijito, te felicito”
-“¡Papá molino!”
-“Ya hijito, muy bien”
-“¡Papá papá!... moliné”
Pobre mamama, cuantas veces le pedí que me repita el mismo chiste camino a Cañete, (Y que valiente mi mamá por no estrellarse contra un cerro a la decima vez) y siempre me lo contó con el mismo entusiasmo y cariño. Eso era lo que mejor daba siempre, cariño. Fue la mujer más desprendida que tuve el honor de conocer y ojala se hereden las cualidades para tener yo aunque sea alguna de sus tantas. Por lo pronto el arte se lo llevó entero mi mamá, yo ni para garabatear mientras hablo por teléfono tengo.
Pensar que mamama se fue a Paris cuando yo era muy chiquita y a su regreso la esperaba yo ansiosa porque iba a conocer a mi abuela. Ese error de cálculo de mi parte le rompió el corazón en mil pedazos, años después me lo confesaría ella misma. ¿Cómo era posible que no hubiera causado impresión en su única nieta? Si ella me recordaba, ¿Por qué yo no a ella?
Solo la carencia de retención en un cerebro en su primera etapa de formación sería capaz de evitar que Carmen Ramos Dammert deje huella.
Ahora soy yo la que está en Paris y tal vez era ella la que no me recordaba. Ahora que estuve lejos de ella al momento de su despedida, la ciudad de las luces me verá apagarme por un momento.
Cuando salí de Lima la abracé fuerte y le dije cuanto la quería, creo que en el fondo supe que no nos volveríamos a ver. Ahora nos ha dejado para ir a su Cañete querido, a su “happy place” de siempre. Donde iba con cada dolor y para enfrentar cada pena. A donde se había mudado hace años ya y en el que se las había ingeniado para juntar en un solo lugar a toda la gente que quería, sin calcular edades. Su propio cielo dentro de su cabeza.
Yo esta noche me voy a dormir cuando me cansen las lagrimas y espero que mi subconsciente tenga la benevolencia de llevarme a Cañete también, con ella, yo de dos años, sentadas las dos sobre el caballo (Moro), yo aprendiendo a montar y ella enseñándome a ser valiente.Quiero caminar entre árboles de naranja, diminuta, viendo al suelo para no caerme y de reojo sus botas con pasadores. Ir de su mano por Miraflores y llegando al parque pedirle “¡Mamama gobo!” con la certeza de que jamás me lo negaría.
Quiero hacerla reír una vez más con alguna de mis muecas y sentir esa seguridad que solo se encuentra en la mirada de alguien que solo tiene ojos para ti.
Chau cara de mono, gracias por todas las risas que me regalaste y por enseñarme tantas cosas. Gracias por inculcarme que lo que se deja de lado por la familia nunca puede ser llamado sacrificio y mucho menos si se hace con gusto y cariño.
Gracias por haber estado orgullosa de mí siempre, hasta cuando no me lo merecía. Y por decirme tantas veces que tenías solo una nieta, pero que valía por diez. Pues ya quisieran muchos haber podido tener una abuela como la mía y una mujer como tú cerca por tanto tiempo.
Voy a ser fuerte porque eso es lo que tú harías y, como tu, voy a buscar el equilibrio perfecto entre la fortaleza y la sensibilidad.
Qué bonito es pensar en ti y recordar todas tus virtudes, saber cuántos te querían tanto y comprender que están bien muchas cosas de mí porque las aprendí de ti.
Te quiero mucho mamama y te prometo que esta noche; yo en los brazos de Morfeo, tú juntito a Dios; nos tomamos un pisquito en nuestro Hualcará querido.
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