Tiene mucho sentido que la palabra cretino tenga origen francés, tenían que encontrar la forma de describir a algunos personajes que pululan por sus lindas calles.
Yo pensé que el 2008 había sido un año lleno de acontecimientos trascendentales, pero el año entero queda más manso que el mar de Ancón si se le compara con las primeras semanas de febrero de 2009, y todavía le quedan días. No sé si agradecer que febrero sea el mes más corto del año, o si deba lamentarlo.
Ayer sábado llamé a Patricia, una prima lejana del lado paterno, una rama que vengo descubriendo desde este mes cuando por fin tuve el gusto de conocer a mi hermana Anita. Patricia es muy amiga de Anita y, siendo primas en cuarto grado, se conocieron aquí mismo en Paris.
Quedamos en vernos a las 3pm en el café Danton que está frente a la salida de Odeón, por lo que tuve que tomar 3 metros. Me reconoció rapidísimo y nos sentamos para tomar algo. Ahí apareció el primer cretino, no quería que ocupemos lugar con nuestras carteras y pretendía que nos sentemos como sardinas a pesar de que el lugar estaba casi vacío.Ya que estábamos en plan relajo y no de academia militar, nos levantamos y nos fuimos al café del frente de la calle, no solo era mucho más bonito, sino que la atención era muy agradable y el que nos buscó sitio hasta nos guiño el ojo de lo más coqueto.
Dos horas de ponernos al día y de sacar cálculos de los lazos familiares, resulta que tenemos parentesco por Cabieses también. Ya con la lengua cansada fuimos a ejercitar otros músculos caminando por el Blvd. St. Germain. Fue ahí donde hizo su agraciada y fina aparición la segunda cretina del día. Una loca que de haber sido un día soleado de seguro andaría calata, doblamos una esquina y se levanto como gorila para escupirnos, menos mal no nos llegó su baba asquerosa, salimos disparadas hacia el otro lado de la calle y alcancé a ver que hacía lo mismo con cada persona que pasaba por ahí. Litio para la señorita por favor, con razón Alan se sentía tan a gusto en esta ciudad.
Tras caminar horas por Champs-Élysées y tomarme la clásica foto frente al arco del triunfo, que salió terriblemente mala por mi temor a ser arrollada por un auto, nos dio hambre y comenzamos a buscar donde comer. Terminamos en un sitio bastante pintoresco de comida típica de Bélgica, todo era con choros, yo me pedí el “plato” (en realidad es una olla) de Moules en salsa Roquefort. Delicioso, pero quede demasiado llena.
Ya después de rellenarnos de choritos tomo cada una su camino y quedamos en vernos más veces antes de que me vaya, así será.
Tomé el metro hasta la Bastille y bajé para caminar un poco hasta la casa, serán 6 cuadras como máximo, pero buena falta me hacían. Iba yo feliz escuchando música, cuando de la nada siento que alguien caminaba a mi lado, cuando mire de reojo no vi a nadie así es que seguí caminando tranquila y cantando como idiota. Unos pasos más allá, la presencia se hizo más fuerte y decidí voltear a ver, tuve que mirar un poco hacia abajo y ahí lo encontré regalándome una amplia sonrisa, un pigmeo.
Quisiera estar exagerando, de verdad, pero ya indague en internet y la altura máxima de un pigmeo es 1m50 y a este le faltaban como 15cm para llegarme al hombro (¿ven que delicada soy y como no digo que me llegaba a la teta?). Intente seguir mi rumbo, devolviéndole una sonrisa sin quitarme los audífonos ni parar de cantar, pero el tipo me comenzó a hablar sin parar y no sé si ser pigmeo es una discapacidad, pero no me iba a arriesgar a ser una discriminadora de quinta categoría, así es que me quite los audífonos y lo escuché. Me hablo en francés y le conteste con esfuerzo para que vea que me costaba, me pregunto en francés si hablaba inglés y como idiota caí y le dije que sí. Para la próxima le contesto algo en alemán y se acabo el dilema. Siguió caminando a mi lado, ahora hablándome en un inglés mas masticado que su francés, me preguntaba cual era mi idioma y cuando le dije que era el español me comenzó a decir que él quería aprender ese idioma y si podía ser mi amigo para practicarlo. Hora de hacer algo para huir.
Como caído del cielo, apareció el pub irlandés en la calle y frene en seco, disculpándome por la corta charla porque iba a encontrar a unas personas adentro. Me pidió mi teléfono y le dije que no tenía porque acababa de llegar esta semana, entre aliviada y cuando se dio cuenta de que no cobraban entrada, me siguió. Cretino.
Plan C, buscar a quien sea dentro del bar y pedirle que pretenda conocerme para librarme, plan C al agua porque había un concierto de reggae dentro del bar y todo el mundo estaba amontonado cantando con los ojos cerrados. Caminé hasta la parte más lejana del bar, a la última barra a ver si había esperanzas, pero me alcanzó. Pensé en decirle que me habían llamado para ir a otro lado, pero ya le había dicho que no tenía teléfono, y por más pigmeo que sea no me iba a creer la historia del zapatofono.
Resignada me quité la chalina porque sospechaba que me tomaría buen rato librarme del pequeño adepto. Cuando vio mi cadena se emocionó más aún, “¡¿eres cristiana?! ¡Yo también!”, me limité a decirle que era católica y me mando el rollón de que el también era católico y no sé qué tanto más porque mi cerebro
logró ponerlo en mute mientras maquinaba escapatorias.
Me preguntó si quería cerveza pero le dije que acababa de comer y no me entraba ni el agua, entonces el señor lleno de misericordia me dio un gran regalo, el pigmeo se pidió una chela. Sabía que era mi oportunidad de oro, así es que esperé que la pague y mientras se la servían le dije que iba a buscar a mis amigos más adelante. No paré hasta la puerta de la casa.
Espero que no me traiga mal Karma haber dejado a un pigmeo africano hablando solo en un bar irlandés de Paris, pero una tampoco es la madre Teresa para estarse soplando a quien sea.
Hoy domingo me fui a pasear sin rumbo y me terminé tomando un tren a cité, donde esta Notre Dame. La Sainte-Chapelle estaba cerrada (si, domingo), así es que voy a tener que volver. Camine bordeando el Seine y cuando me dio frio entre a un café a tomarme una copa de vino y comer un poco de queso. ¿Cómo es posible que un plato tan barato traiga tales cantidades groseras de queso? Casi muero de una sobredosis.
Después de mucho caminar me tome el metro de regreso a casa, conocí a las dos italianas que han venido a quedarse una semana en el cuarto del costado. Muy simpáticas, si tan solo pudiera recordar sus nombres. Tampoco podían creer que tenga 31, que lindas. Debe ser por la inmadurez que proyecto, ¿o será la inocencia?
domingo, 22 de febrero de 2009
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