El peso del fin de semana me llevo a tomar la difícil determinación de bajar todas mis defensas y animarme a entablar amistad con alguien en el instituto.
El primer contacto fue con un venezolano muy simpático en la sala de computo, estaba con una ecuatoriana, no menos agradable, haciendo planes para ir a comer donde el chino que era muy barato. Tuvieron el buen gesto de invitarme a acompañarlos y no lo pensé dos veces y fui con ellos.
Me tomó más o menos una cuadra darme cuenta de que el chino era un chifa, al diablo, estaba sociabilizando y me moría de hambre pues no había tenido tiempo de tomar mi sopita de tomate du jour.
Resulta que había un rollito primavera sin freír a €1.5 y ahora será mi alimento de bandera. Tiene todo crudo adentro y se remoja en una salsa de vinagre, perfecto para mí. Nos sentamos a comer y la charla demoró poco en llegar a la política. Hablamos por más o menos tres horas, fue sobre todo entre Alex, el veneco, y yo porque Gianella, la ecuatoriana, tiene solo 17 años y se aburrió un poco rápido.
Ya a las 6pm salimos y nos encontramos con un chileno que no sé cómo se llama pero me cayó bien, quien diría. Hablamos un rato y de ahí calabaza, calabaza, cada quien pa su casa.
Quedamos en encontrarnos en la noche en la Bastille, muy conveniente para mi pues queda a dos cuadras de la casa. Ya casi a las 10 de la noche me llego mensaje de Alex y me alisté para ir a encontrarlos. Reúne a 8 latinoamericanos, una española, un alemán y una suiza y el resultado de la noche será 5 intentos de ingreso a lugares diversos, 3 bares, algunos tragos y 2 horas de caminata de las 3 horas que estuvieron todos juntos.
Ya cerca de la 1am decidieron que era buena idea ir a St. Michel, para lo que había que tomar dos metros y eso implicaba que me quedara fuera hasta las 5am porque el metro pasa solo hasta la 1 o 2 de la mañana. Si no estuviera en mi primer día de los cinco gloriosos con los que me bendicen Dios y la naturaleza cada mes por el simple hecho de ser mujer, la pensaba, pero en este estado, ni hablar.
Lo mejor de la aventura fue conocer a las dos mexicanas tronadas de 19 años que me dijeron que pensaban que yo tenía 21 y me tuvieron que preguntar 4 veces la edad y exigieron ver mi DNI antes de creerme que en realidad tenía 10 años más. Como la vida a veces te quita 10 años y otras nada más te los concede así como así. Les prometí que me iría a dormir con una sonrisa en la cara y pienso cumplir mi promesa.
Tras mucho trajín decidí volver a mi primer plan y caminar al pub irlandés. No tendré visa para Gran Bretaña, pero al menos tengo acceso al país a un par de cuadras de la casa. Me senté a escribir en la barra con mi vasototote de cidra. En cuestión de minutos llegó una banda a tocar canciones que conozco bien y me encantan, era como si hubieran sacado los títulos de mi mp3. Por si fuera poco, el instrumento estrella era un cajón peruano y el que lo tocaba no se parecía en nada al Zambo Cavero ¿Me copias?
¿Ya mencioné que escogí el mejor año ara dejar de fumar? La mayoría de locales no tienen zona de fumadores y con este frio no saldría a fumar afuera jamás.
Vive la difference! En Lima puedo sentarme en el medio de la pista a escribir y a nadie le interesa, pero acá en menos de media hora se me acercaron 3 franceses a preguntarme que escribo.
Disyuntiva: Iba a esperar al del cajón para preguntarle cómo diablos se le ocurrió aprender a tocar cajón peruano, pero se me acercó un francés a preguntarme qué hago acá y cuando le dije que estudiaba francés me dijo que si quería practicar podía ir a su mesa.
Jime, tú te preguntabas donde están los chicos solos, están en un bar irlandés en Paris. Eran como 7.
What to do? What to do?
¡Quédate con la duda!
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